domingo, 6 de junio de 2010

Carta de Hoja Seca

Que deliciosa era sentirte rozar mi aliento, tenerte cerca, aunque así no se pudiera, juntos abrazarnos al aire, volar.
Aquel canto de silencio, un total esplendor junto a tu milonga de ángel acariciándome.
Esta carta, que no lleva un orden, no es de esas que buscan postal, y sobres tostados, es de cierto saludo; - ¿Cómo estarás a todas estas? 
¿Habrás vuelto?, ¿habrás partido? Solo de ti conservo este pañuelo, teñido a tu sudor.

Que bellos eran tus ojos, ¿estarán cerrados?, quien sabe si aun correteas buscando sin buscar, o estas ahí sentada, alimentando tu ego junto a las palomas a esas que tanto envidias por volar.
Ya no me sigas llamando, no uses ese abrigo de otoño, lleno de un café mezquino (discúlpame por no saber prepararlo); yo que te escribo aquí, sentado lleno de tanta ciudad y tu tanta esfera, como he buscado entre miles otra que juegue tu papel, lamentablemente me han dicho que ya demolieron ese teatro, que  los sillones quemados por tus cigarros se fueron, ¿y ahora que?
Será que te levantaste, que tu mano resguarda otra, no la mía, esta sigue sin calor.

¿Tu pelo, lo has cortado, sigue largo?, siempre me decías que el crecía, que era otro ser buscando piso para dar sus primeros pasos y seguir solo. 
Pero no hay respuesta, ¿habrás leído las otras de exactas palabras?, pues no lo se, así como no se tu nombre, si es que usas abrigo o nadas, si tus pies saborean arena o se resguardan en unos tenis para tapar el frió y el cristal de las calles.
Así como ya sabes que te desconozco, conóceme y corre, las palomas saltan no te aborrecen, no grites por ellas grita por ti y búscate en el bolsillo de aquel saco, ahí donde guardas ese otoño que mantienes preso y que yo aun espero.

José Miguel Fernández

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