domingo, 6 de junio de 2010

Joker

Escribir de esta manera es lo mas incorrecto que el papel debe soportar, a fin de cuentas la moralidad ya no le tiende la mano a la tinta.

Te cuento que de nuevo caí en tu trampa, siempre me tocabas la puerta y el pobre bufón se ponía la nariz roja y te abría con el acto hecho, servía té y hacia mil y un morisquetas para algo que realmente no se que es.

Supongo que la sonrisita, el pelo corto, las uñas perfectamente hechas y toda esa retahíla de modismos, nos ponen el mundo patas arriba, esto literalmente, en fin, tienes tanto talento, debería la academia considerarte para uno de esos premios de reconocimiento a una larga carrera, si una de esas baratijas de bronce con aspiración a repisa de gloria, no te quedaría nada mal.

El publico en el cual participo, digamos que enteramente soy yo, ya compro todas las cotufas y alquilo la pantalla, ese público es un total idiota.
Me vendiste el cupo completo, me mareaste como a nuestros viejos en esas tardes de agosto, donde pretendiendo comerse a la esfera, caen en las garras de vendedores de piscinas con etiqueta trasnacional, que les abren la boca con una botella que rare ves supera la pre adolescencia; si así me vendiste el paquete y lo compre todo, pase la tarjeta y ahora me llama el alma porque te debo intereses al doscientos por ciento.
En este caso fue sencillo, me contaste del viejo continente “que platica trillada”, pero sabes que me encanta, una mañana perfecta dentro de las tres o cuatro patadas, la falta de buen gusto en la radio y que no hicimos café u algo por el estilo. Me regalaste un botón con esos mensajes genéricos, sellados de fabrica, que enamoran por la mano que los entrega.
Finalmente me prometí que no escribiría sobre ti, me guardaría las ganas, casualmente siempre me dejas con el traje puesto y la reservación hecha, valla que no aprendo, menos mal que la comida fue decente y pasó la tarjeta.

José Miguel Fernández

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