Una vez tome prestada una ventana
Algunos de gris en rostro
Afirmaban que ella observo al mar
Otras de igual escala, dijeron
Esta viene de las luces y el smoke
Lo único que yo podía saber
Es que en ésta habitaban recuerdos
Que no tenía tiempo para resolver
Necesitaba de urgencia una dosis
Mis manos temblaban, estaba calabresco
Mis ojos perdían su iris, el cabello no deseaba jugar
Mis piernas ya no pretendían escapar
Me hacía falta mi dosis
Ya no la extrañaba
Ya su rostro se había ido
Me quedaba la ventana, de ella
Conseguía las gotas para la jeringa
Le pedía a la enfermera varias al día
Es que el cuerpo y el alma no se hablan
Y yo estoy en la trinchera esperando entre los dos
Con la dosis retomaba la vida, saboreaba los rones
Tenía archivos de labios y cuellos
De perfumes y cachetadas
La dosis era cada día más grande
Hasta que la drene toda, la oscurecí y exprimí
Como a un pobre trapo de cocina
Le robe todos sus recuerdos
Es que en la trichera ni la vida ni la muerte
Te regalan un instante de los tuyos, ni una migaja
Ni un color, ni un nombre bello.
José Miguel Fernández
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